miércoles, 9 de noviembre de 2016

BREVES PROSA TONECAS


BREVES PROSAS TONECAS                                                                                    Guatemala, noviembre  de 1995
Por Exvedi
I
En la frágil hermosura de las flores, te descubrí.
Suave, dulce, angélica, encantadora.
Y entonces, el laúd de mi corazón derramó aquel inolvidable verso: “Las lágrimas de las flores, son el rocío, niña mía, amor mío”.
Y tú, con tu sonrisa de aurora eterna, me regalaste el abecedario de tu ternura.

II
Habita  en el perfume de la jubilosa primavera.
Es marimba, chirimía, tun, tzicolaj y tun.
Pero es, antes que todo, un canto dulce, tierno, afable, cristalino, que arroba al alma.
Esa eres tú, niña de ayer, de hoy y de siempre.

III
Un beso tuyo, niña mía, es un arrullo espiritual, un trino de milpa milenaria y un acento de marimba cuache, cromática,   olorosa a madrugada juguetona.
No en vano he dicho que eres un panorama que alberga caminos nuevos y verdes.

IV
Mis manos, novia de la pluma que escribe cosas sencillas, cosas del pueblo, de la tierra, de la sonrisa y de la tristeza, se perdió entre la inmensidad del bosque de tu cabellera y ella, como siempre, solo me respondió con su ternura a manos llenas.
V
Sus manos son más suaves y diáfanas que las nacaradas manos del alba.
Son dos pentagramas tejidos con hilos de noviembre…
Esas son sus manos, a parte de ser dos poemas excelsos, que ni Neruda pudo escribir.
VI
La encontré bañándose con rocío y música matinal.
Desde la ventana de mi imaginación la oteaba embebido, ensimismado.
Su belleza es tal, que es indescriptible. 
VII
En las auras páginas de sus miradas leí con deleite profundo los versos más dulces y enigmáticos. ¿No eran, acaso, sus ojos, manantiales celestiales?
VIII
Mi nombre, mi áspero  y extraño nombre, dormía en el fondo de su alma, por eso de su boca nacían arroyuelos aldeanos…
Y es que mi nombre es tan sencillo y humilde como lo es   la milpa en el surco y el pájaro en un ramaje frondoso.

IX
Temblaba cual gota de rocío. Ella me lo dijo, con su idioma de floresta. Y sonreí tímidamente y me marché con sus recuerdos atorados en mis pupilas
¡Qué paisajes tan esplendorosos!
¡Qué niña tan diáfana!  ¡Qué recuerdo imborrable, indeleble!

X
Definitivamente toneca, esas sonrisas que me diste, cual dádivas de valor incalculable, provenían de tu alma de floresta.
Y a pesar de que han transcurrido siglos desde que me marché de tu pueblo, aún llevo en la alforja de mi corazón tus sonrisas. Con ellas converso,  con ellas lloro, con ellas río, con ellas vivo.
Con ellas muero.


FUENTE: BREVES PROSAS TONECAS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1995

LEYENDA DEL EXTRAÑO ANCIANO

LEYENDA  DEL EXTRAÑO ANCIANO

Era una tarde de noviembre de 1935, y San Antonio Huista era un pueblo pequeño y  sereno.

Cualquier suceso, corría como pólvora…

El viento soplaba. Los niños volaban barriletes, los cuales  jugueteaban con las nubes que ornaban el límpido cielo.

-¡Mirá ese extraño viejito-, gritó Manuel, que había soltado su multicolor barrilete.

Y todos vieron al anciano que, bordón en mano, caminaba, llevando a cuestas el peso de siglos.

-Nunca lo he visto aquí-, argumentó Juan Mérida Rodríguez, quien, muchos años después, contraería nupcias con Ana Olimpia Taracena Rojas.

Y Severo, hermano de Juan, aseguró que a veces “Dios se convierte en anciano pobre para visitar a la gente, y poner a prueba su amor al prójimo”.

El aludido personaje detuvo su marcha frente a la casa de doña Tonita, y tocó a la puerta.

Ella abrió, y los niños que habían soltado sus barriletes, seguían con la mirada, la escena, no muy común en el pueblo.

-Señora-, dijo el anciano, vengo de muy lejos y tengo sed y hambre. ¿Puede darme algo, para apagar mi sed y mitigar mi hambre?


Y doña Tonita, que era poseída por algo inexplicable, por un júbilo indescriptible, le respondió:

-Abuelo, pase adelante, con todo mi corazón le daré de comer y de beber.

El abuelo entró. Se sentó, mientras doña Tonita fue a la cocina a traerle un plato con frijoles y una taza de café.

-Vamos a ver-, dijo Luis, uno de los chicos.

Y fueron.

Cuando entraron, no había nadie.

Doña Tonita, que regresaba de la cocina, al percatarse de la presencia de los niños y de la ausencia del anciano, interrogó a los chiquillos:

-¿Qué se hizo el viejito?

-Desapareció, respondieron, extrañados.


Y doña Tonita y los niños supieron que Dios, convertido en un anciano, les había visitado.



FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997


EL NIÑO DEL PARQUE

EL  NIÑO DEL PARQUE


El 25 de septiembre de  1965, se dio un suceso en el parque, que perduraría para siempre en la memoria colectiva…

Eran las once de la noche.

Siete jóvenes, acuclillados, a poca distancia de la fuente, platicaban amenamente.

A las once y cincuenta, los perros ladraron lúgubremente.

-Púchicas muchá, qué raro…dijo Pancho.

-Si vos, nunca había escuchado llorar a una chuchada como ahora-, respondió Lencho.


Y Clodomiro, el más religioso de todos, aseguró: “Cuando los chuchos ladran, es porque ven cosas que nosotros no podemos ver.  Ellos anuncian cosas tremendas muchá.

-Ta…objetaron los demás.

En ese preciso momento, vieron espantados cuando una mujer, vestida de blanco, cabello largo y rostro sumamente pálido, se acercó a la fuente y agitó violentamente el agua, buscando, en vano,  a alguien. Posteriormente, la mujer salió corriendo hacia el cementerio, lanzando gritos espeluznantes. Y entonces,  escucharon más aterrados aún, cuando un niño lloró de una forma tal, que hasta las piedras se conmovieron.


¡Es la Llorona que busca a su hijo que ahogó! Gritaron todos, y corrieron, a como pudieron,  hacia sus casas.




FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997





LA ESPERA DE SIGLOS

LA ESPERA DE SIGLOS

El temor se apoderó de todos cuando sangrante y maltrecho salió de la cantina “La Cusha Bendita”.
-Lo resmuelen a uno esos cabrones-, vociferó.

Una lágrima evidenció su dolor y rabia.

Cuando empezó a largarse y recordó por décima vez a su desaparecida María Huista, los borrachos consuetudinarios le gritaron desde la cantina:
-¡Dundo, pendejo! La seguís buscando, como si no lo supieras…

Así transcurrió su vida.
Las arrugas poblaron sus cabellos y la esperó por siglos.





FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida

Guatemala, 1997

SU RECUERDO

SU RECUERDO

Me escoltaba piadosamente.
Me seguía de cerca y donde me encontraba, se echaba silenciosamente a mis pies.
Tenía un techo donde guarecerse del frío.  Parecía alma en pena, acento de guitarra extraviada en el silencio.



(Y es que no sabía de envidia ni de rencores).

Está tan diáfana en mi memoria porque siempre vivimos con el alma desnuda.
No en vano esa energía misteriosa mantiene encendida la llama de su historia.
(Y es que cuando la evoco en vida, no puedo evitar que las lágrimas salten de mis ojos).

San Antonio Huista cambió, y el recuerdo de ella, como perro fiel, va conmigo a doquiera voy.




FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997



LA VEREDA


LA VEREDA

Era una noche de noviembre.        
El silencio invadió su rancho. Las lágrimas nublaron sus ojos. 
Cuando volvió a pasar la mirada sobre la vereda, su alma se llenó de más amargura. Imploró entre lágrimas volviera y la vereda continuaba silente y triste.
Desde que descubrió su ausencia, en su alma no había sosiego.  
Durante muchos años la esperó y primero desapareció la vereda y de ella, nunca supo más.







EL LOCO

EL LOCO

El croar de las ranas lo asustó, y lleno de zozobra, continuó la búsqueda. El loro parlanchín, en la jaula de varitas de milpa, estaba silencioso y seguía cada uno de sus movimientos. De vez en vez se miraba al espejo y murmuraba: “Cara más desgraciada”. 
Buscó entre los arriates de rosales y nada. 
Tomó un descanso. Estaba agotado de buscar por horas.
Aspiró cuatro bocanadas de aire fresco y una honda tristeza lo  invadió cuando recordó que no recordaba lo que buscaba.
Y el loro le gritó por décima vez: “¡Loco, loco!”



FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997