ERA
INVIERNO
Era invierno, un triste y frío
invierno.
La soledad, como neblina, se
esparcía por todas partes. No le importó
el dolor de las canillas causado por los vigorosos matorrales.
Cuánto hubiese querido que sus
lágrimas de alegría fueran. Para disipar
un poco su honda pena, pensó en recordar
los momentos felices que habían vivido.
Recordó, por ejemplo, cuando
fueron de pesca y regresaron con una sarta de juilines y el sol bajaba en la
montaña y empezaba a derramar su baba de oro. Evocó la primera vez cuando se
emborracharon con chicha. El río que cada vez más rugía lo sacó del transe. Se
sentó a la orilla de la vereda que lo conducía al pueblo. Con su tanate a la
espalda, sujeto a la frente por un mecapal de maguey.
Se miró al espejo de una poza
clara, y en silencio se lamentó: “Es la primera y última vez que voy a
visitarlo. Mañana lo despediré en el cementerio”.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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