EL BOLO
-Está tieso.
-Comé
cera.
-En
verdá.
-Bien a
pichinga estará.
El
amanecer se cayó de la cama, se levantó
y entró por la ventana ennegrecida.
Los cascos de las bestias que llevaban leña,
maíz y frijol, chocaban contra las piedras, las cuales se quejaban
insistentemente.
-Dicen
que se lo tronaron a las cinco.
-No,
fue a las cuatro.
-Están
equivocados, fue a las seis.
-Yo
creo que a las tres, porque parece guineo morado.
El
cuerpo paliducho e inerte del sujeto apodado El Bolo, había atraído a mucha
más gente que un político que anhela
llegar a la silla edilicia.
-Pobrecito,
era bueno.
-Bueno
será la guayaba.
-¿Te
acordás?
-¿De
qué cosa?
-Que
llegaba a la casa a pedir una su tortilla.
-La
gente habla bien calidá de los demás cuando ya han petateado.
-Tenés
razón.
-Como
esa vez.
-¿Cuál?
-Cuando
a chuculazos lo sacaste de tu cuarto.
El
elogiador cerró la boca. Ni el aliento
se le sintió.
En ese momento, una anciana empezó a rezar, y
otra encendía una veladora frente al objeto de curiosidad…
En ese
preciso instante en que unos rezaban, y
otros vertían sus lágrimas, El Bolo despertó, y lo primero que dijo, fue:
“Quiero un mi guarito pa quitarme la rechingada goma”.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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