miércoles, 9 de noviembre de 2016

EL BOLO

EL BOLO


-Está  tieso.
-Comé cera.
-En verdá.
-Bien a pichinga estará.


El amanecer se cayó de la cama,  se levantó y entró por la ventana ennegrecida.

  Los cascos de las bestias que llevaban leña, maíz  y frijol, chocaban  contra las piedras, las cuales se quejaban insistentemente.

-Dicen que se lo tronaron a las cinco.
-No, fue a las cuatro.
-Están equivocados, fue a las seis.
-Yo creo que a las tres, porque parece guineo morado.

El cuerpo paliducho e inerte del sujeto apodado El Bolo, había atraído a mucha más  gente que un político que anhela llegar a la silla edilicia.

-Pobrecito, era bueno.
-Bueno será la guayaba.
-¿Te acordás?
-¿De qué cosa?
-Que llegaba a la casa a pedir una su tortilla.
-La gente habla bien calidá de los demás cuando ya han petateado.
-Tenés razón.
-Como esa vez.
-¿Cuál?
-Cuando a chuculazos lo sacaste de tu cuarto.

El elogiador cerró la boca.  Ni el aliento se le sintió.
 En ese momento, una anciana empezó a rezar, y otra encendía una veladora frente al objeto de curiosidad…
En ese preciso  instante en que unos rezaban, y otros vertían sus lágrimas, El Bolo despertó, y lo primero que dijo, fue: “Quiero un mi guarito pa quitarme la rechingada goma”.


FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997



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