MUTISMO
Muy de mañana vino por su desayuno. Cuando venía por la puerta de trancas, lo
divisé. Traía una carga de chiriviscos. Las gallinas escarbaban los sembrados en el patio.
Supuse
que me daría una chicoteada por
no acompañarlo. Lo esperé sentado junto a la
piedra de afilar machetes amellados. Llegó casi enmudecido
-Buenos
días papa.
-Buenos días.
Había
silencio, mucho silencio. El ambiente solamente era interrumpido por el zumbar
de las moscas que estaban en derredor de una plasta de estiércol. Momentos
después, llegó chiflando mi tío Severo,
hermano de mi abuelo Juan. Con los
brazos cruzados sobre el pecho y baja la cabeza, le saludé. “Chanto mijo”, me bendijo él.
Luego me interrogó: ¿Dónde está Juan?
Con el índice le respondí. Entró en la cocina.
Al rato salió. Ya no chiflaba.
-Tu abuelo está enfermo de melancolía, me dijo, y se marchó.
Entonces entendí el porqué de su mutismo.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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