EL
CAMPESINO
Los cerdos se arrebataban las mazorcas en el lodazal. Los aguacates yacían
esparcidos en el húmedo suelo. El verde y aromático milperío se mecía
alegremente. El viento abría exageradamente
la boca y soplaba y soplaba. Brotaba la
hierba. Nacían los arroyuelos. Pero una llama se apagaba, y era la vida de
aquel campesino que un día hallé en
medio de su dorado maizal, dando gracias
a Dios, aquella tarde de noviembre.
El año pasado todavía tuvo comunión con la
naturaleza. Ahora ya no. Ahora, ese
campesino toneco estaba entre la
vida y la muerte, gracias al maldito vicio del licor.
Ya las
campanas de la iglesia anuncian
su marcha a la eternidad: tan, tan, tan, taaaaaaaaaaaan.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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