Era una noche de noviembre.
El silencio invadió su rancho.
Las lágrimas nublaron sus ojos.
Cuando volvió a pasar la mirada
sobre la vereda, su alma se llenó de más amargura. Imploró entre lágrimas
volviera y la vereda continuaba silente y triste.
Desde que descubrió su ausencia,
en su alma no había sosiego.
Durante muchos años la esperó y
primero desapareció la vereda y de ella, nunca supo más.
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