SU RECUERDO
Me escoltaba piadosamente.
Me seguía de cerca y donde me encontraba, se
echaba silenciosamente a mis pies.
Tenía un techo donde guarecerse del
frío. Parecía alma en pena, acento de
guitarra extraviada en el silencio.
(Y es que no sabía de envidia ni de rencores).
Está tan diáfana en mi memoria porque siempre
vivimos con el alma desnuda.
No en vano esa energía misteriosa mantiene
encendida la llama de su historia.
(Y es que cuando la evoco en vida, no puedo
evitar que las lágrimas salten de mis ojos).
San Antonio Huista cambió, y el recuerdo de
ella, como perro fiel, va conmigo a doquiera voy.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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