El pan sobre la
mesa ya no estaba. El se había marchado involuntariamente. ¡Cómo hacía falta en casa! Los niños lloraban su ausencia. Un vacío
desataba nostalgia y tristeza.
Su esposa en vano lo esperaba de tarde en tarde. Los años
transcurrieron. Los niños se
hicieron hombres. En el rostro de la madre se asomaron
retraídamente las arrugas, pero
seguía esperando su retorno. Se esforzaba en olvidar que una tarde de
mayo de 1980, ráfagas de ametralladoras irrumpieron la tranquilidad pueblerina
y que descansaba ya en el cementerio.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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