EL
POETA TONECO
De ella guardaba imperecedero recuerdo. Alta, de
cabellos castaños, delgada, de ojos verdes y noble semblante.
Su amor por ella era intenso. Fue su numen para
escribir los más bellos y desgarradores poemas.
¿Cómo iba a olvidar a aquella joven hermosa, tímida, suave y amable, si por ella
se volvió poeta?
Ese día que la vio por última vez, caía el sol y las
calles empedradas se lo bebían, y los árboles parecían gigantes vegetarianos.
-¿Cómo te va?
Sus labios no profirieron ni el más leve acento. Su
triste mirada se lo dijo todo. Y se despidieron con un apretón de manos.
-Que Dios te bendiga,
fue lo último que le dijo.
Definitivamente, nunca cicatrizó la
herida.
Aquel suceso lo
conmocionó profundamente, y fue a cortarse la vida.
Transcurrió el tiempo y ya jamás se supo más de
él.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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