LEYENDA
DEL EXTRAÑO ANCIANO
Era una tarde de noviembre de 1935, y San
Antonio Huista era un pueblo pequeño y
sereno.
Cualquier suceso, corría como pólvora…
El viento soplaba. Los niños volaban
barriletes, los cuales jugueteaban con
las nubes que ornaban el límpido cielo.
-¡Mirá ese extraño viejito-, gritó Manuel,
que había soltado su multicolor barrilete.
Y todos vieron al anciano que, bordón en
mano, caminaba, llevando a cuestas el peso de siglos.
-Nunca lo he visto aquí-, argumentó Juan
Mérida Rodríguez, quien, muchos años después, contraería nupcias con Ana
Olimpia Taracena Rojas.
Y Severo, hermano de Juan, aseguró que a
veces “Dios se convierte en anciano pobre para visitar a la gente, y poner a
prueba su amor al prójimo”.
El aludido personaje detuvo su marcha frente
a la casa de doña Tonita, y tocó a la puerta.
Ella abrió, y los niños que habían soltado
sus barriletes, seguían con la mirada, la escena, no muy común en el pueblo.
-Señora-, dijo el anciano, vengo de muy lejos
y tengo sed y hambre. ¿Puede darme algo, para apagar mi sed y mitigar mi
hambre?
Y doña Tonita, que era poseída por algo
inexplicable, por un júbilo indescriptible, le respondió:
-Abuelo, pase adelante, con todo mi corazón
le daré de comer y de beber.
El abuelo entró. Se sentó, mientras doña
Tonita fue a la cocina a traerle un plato con frijoles y una taza de café.
-Vamos a ver-, dijo Luis, uno de los chicos.
Y fueron.
Cuando entraron, no había nadie.
Doña Tonita, que regresaba de la cocina, al
percatarse de la presencia de los niños y de la ausencia del anciano, interrogó
a los chiquillos:
-¿Qué se hizo el viejito?
-Desapareció, respondieron, extrañados.
Y doña Tonita y los niños supieron que Dios,
convertido en un anciano, les había visitado.
FUENTE: RELATOS TONECOS
Elder Exvedi Morales Mérida
Guatemala, 1997
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